Por: Gibran Rivas

Rompiendo el Silencio Histórico de Nuestro Pueblo

Durante mucho tiempo, los libros de texto tradicionales han ignorado el papel de los pueblos del oriente del Valle de México en la Revolución de 1910, como si los grandes cambios agrarios hubieran pasado de largo por nuestras tierras. Incluso en este espacio digital, ante la falta de registros oficiales accesibles, llegamos a escribir con timidez sobre el “potencial impacto” de la lucha armada en nuestra comunidad.

Hoy nos toca corregir el rumbo con orgullo. Gracias a los valiosos esfuerzos de rescate de historia oral del Grupo Cultural Ollin y la investigación de la Lic. Frida Alejandra Mejía Gómez, hemos recuperado los nombres, los rostros y las coordenadas exactas de cómo Santa María Aztahuacán vivió, sufrió y se transformó con la Revolución Mexicana y el posterior reparto agrario. La Revolución aquí no fue una “posibilidad”; fue una realidad de sangre, lodo y libertad.

El Costo de la Lucha: Los Mártires del Camino Viejo (Hoy Ermita)

La Revolución llegó a Aztahuacán con el rigor de la violencia federal. Corría el año de 1914 cuando las tropas del gobierno, persiguiendo ferozmente a cualquiera que simpatizara con el ideal de Emiliano Zapata, desataron la represión en nuestro territorio.

Gracias a la memoria familiar de Don Isidoro Flores, hoy podemos recordar con nombre y apellido a tres vecinos de nuestro pueblo que fueron ahorcados por los soldados en los imponentes pirules que bordeaban el Camino Viejo de Santa María: Martín Castillo (padre de Don Merced Castillo), Manuel Barrera y un vecino de apellido Fuentes. El sitio exacto de este trágico suceso es un punto que todos los habitantes de la comunidad pisamos habitualmente: la actual zona comercial de la Comercial Mexicana, justo en el cruce de Eje 5 y la Calzada Ermita Iztapalapa. Donde hoy hay asfalto y carritos de súper, alguna vez hubo pirules que atestiguaron el sacrificio de nuestra gente.

Los Jefes Zapatistas de Aztahuacán

Nuestro pueblo no sólo sufrió la guerra, también la encabezó. Cuando el General Herminio Chavarría se levantó en armas bajo la bandera agrarista, los primeros en ponerse las cananas y seguirlo fueron los mismos hombres de la comunidad:

  • Su hermano, Juan Chavarría, quien alcanzó el grado de Capitán zapatista.

  • Don Pedro Cedillo, quien combatió como Coronel y, años más tarde, sirvió como subdelegado de Iztapalapa en nuestro pueblo, dejando como legado la construcción de los históricos Lavaderos de San Pedro.

  • Juan Chirino, valiente vecino que escaló rangos desde Capitán hasta convertirse también en Coronel de las fuerzas zapatistas.

El General Chavarría, de oficio arriero y comerciante de tequezquite en los caminos de Morelos, Guerrero y Puebla, pagó el precio más alto por su insurgencia. Tras ser asesinado, sus restos fueron sepultados originalmente cerca de la puerta de nuestra iglesia. Años después, en una muestra de la crueldad de las facciones en pugna, las fuerzas carrancistas profanaron su tumba para desenterrar y quemar su cadáver.

El Verdadero Legado: De la Cieneguilla al Reparto Ejidal

El mayor impacto de la Revolución en Santa María Aztahuacán ocurrió en la tenencia de la tierra. Antes de la lucha armada, el potrero y el humedal conocido como “La Cieneguilla” o “La Ciénega” abarcaba una superficie gigantesca de agua y lodo que se extendía formalmente hasta los terrenos de la actual agencia del Ministerio Público de la 44.

Al terminar el conflicto, esta inmensa cuenca lacustre fue expropiada a los supuestos terratenientes que controlaban la región sin títulos reales, dando paso a la creación formal del Ejido de Santa María Aztahuacán. Décadas más tarde, personajes legendarios de nuestra reconstrucción como Eusebio Hernández “El Chicuarotas” defendieron y organizaron ante la Reforma Agraria la repartición justa de estas parcelas ejidales entre los legítimos pobladores.

Fue el propio Chicuarotas quien, con visión de viejo chofer, ordenó trazar las calles de ese nuevo ejido con una anchura inusual para la época, anticipando la industrialización de camiones y bodegas que hoy define el paisaje de Aztahuacán y permitiendo, al mismo tiempo, el cómodo paso de nuestras monumentales cuadrillas de Carnaval.

Un Llamado Abierto a Mantener Viva la Historia

La Revolución Mexicana no es un eco lejano del norte del país; está labrada en las esquinas, en la red de agua potable, en las escuelas y en el trazo de nuestras vialidades. Si en tu familia se conserva algún relato sobre los tiempos de los arrieros, los zapatistas, o de cómo tus abuelos recibieron sus tierras ejidales, ¡no dejes que se pierda!

Déjanos un comentario aquí abajo y comparte este artículo. Mantener viva la memoria es el acto de resistencia más grande de nuestro pueblo originario. O escribe a dg@gibranrivas.com estaré mas que agradecido de contar lo que me cuentes.