Como explicaremos en la entrada correspondiente sobre la prehistoria de la zona, hubo un tiempo en que el territorio original no era propicio para asentamientos humanos estables. Sin embargo, conforme el entorno lacustre se fue transformando, diversas civilizaciones comenzaron a dejar su huella. A partir del periodo Clásico (200 – 650 d.C.) y el Epiclásico (650 – 900 d.C.), las riberas del oriente de Iztapalapa recibieron la influencia directa de las grandes capitales del centro de México.

A continuación, exploramos exactamente qué culturas habitaron Aztahuacán y cómo transformaron este paisaje pantanoso en un motor agrícola.

El Sello de Teotihuacán: Cerámica y el Ciclo de la Fertilidad

Durante su apogeo, la metrópoli de Teotihuacán irradió su dominio comercial e ideológico por toda la Cuenca de México. Las comunidades periféricas que lograron establecerse en las zonas ligeramente más elevadas, cercanas a Aztahuacán y los volcanes de Santa Martha, asimilaron rápidamente los patrones teotihuacanos.

Las aportaciones de esta influencia incluyeron:

  • Cultura material: Adopción de cerámica roja pulida y uso de instrumentos musicales de viento (silbatos y figurillas de terracota) para rituales propiciatorios.

  • Cosmovisión agrícola: Implantación del calendario ritual teotihuacano.

  • El festival de los retoños: La celebración del equinoccio de primavera (ue-izkal-ilhuitl), vital para marcar el renacimiento de la flora acuática y el momento óptimo para la siembra tras el invierno.

La Diáspora Tolteca y los Toltecatl

Tras el dramático colapso del estado teotihuacano, el vacío de poder fue llenado paulatinamente por el ascenso de Tula y el imperio Tolteca durante el Posclásico Temprano (900 – 1200 d.C.). La influencia tolteca penetró el sistema lacustre mediante rutas comerciales y migraciones de artesanos especializados. El legado tolteca en la región de Iztapalapa y Aztahuacán pudo materializarse en una notable sofisticación en el tratamiento de la cerámica y la creación de figurillas. Los artífices de estas obras maestras eran denominados toltecatl, un concepto que trascendió la mera afiliación étnica para convertirse en un título honorífico que designaba a los grandes maestros del arte y el refinamiento civilizatorio, delineando el estándar estético que posteriormente admirarían los mexicas.

Las Oleadas Chichimecas y la Militarización del Paisaje

Simultánea y posteriormente a la caída de Tula, la Cuenca de México experimentó una serie de intrusiones demográficas masivas protagonizadas por grupos seminómadas provenientes de las áridas estepas del norte, conocidos genéricamente como chichimecas (un vocablo náhuatl que los cronistas tardíos traducirían despectivamente como “linaje de perros” o “perro rabioso”, aunque en su origen denotaba simplemente a los pueblos cazadores con arco y flecha del norte).

Los registros históricos y la estratigrafía sugieren que, entre los años 1450 y 1500 (consolidando procesos que iniciaron siglos antes), la zona de Santa Martha y Aztahuacán funcionó como un territorio de tránsito y asentamiento paulatino para facciones chichimecas . Estos grupos introdujeron un ethos profundamente militarizado y nuevas deidades astrales. Al fusionarse eventualmente con los remanentes culturales toltecas (dando origen a los señoríos tolteca-chichimecas), establecieron las bases sociales e ideológicas para la guerra institucionalizada, dejando vestigios cerámicos que atestiguan el preludio de la época de las “Guerras Floridas”, pero ojo que esto sucedió en todo el Valle del Anahuacy no solo a Iztapalapa .

Chichimecas, rumbo al décimo aniversario de la declaratoria del Camino Real de Tierra Adentro por la UNESCO.

La Era Nahua: Chinampas, el Señorío de Culhuacán y la Hegemonía Acolhua-Mexica

El hiato poblacional absoluto se cerró de manera definitiva al entrar en el periodo Posclásico Tardío (1300 – 1521 d.C.). Fue en esta era cuando la barrera del pantano fue finalmente conquistada mediante una revolución tecnológica sin precedentes que permitió el establecimiento permanente de poblaciones densas sobre el agua misma del territorio que hoy es Santa María Aztahuacán.

La Revolución Agrícola: El Sistema Chinampero

La transformación del paisaje yermo y cenagoso en uno de los ecosistemas agrarios más productivos de la humanidad se logró gracias a la importación y perfeccionamiento del sistema de chinampas, una tecnología hidráulica atribuida primordialmente a la cultura xochimilca. Esta técnica consistía en la demarcación de parcelas rectangulares en las zonas de aguas someras del lago, las cuales se rellenaban con capas sucesivas de lodo extraído del fondo, vegetación lacustre podrida y tierra firme, anclando el perímetro con estacas de ahuejote, un árbol cuyas raíces tejían una barrera de contención viva contra la erosión.

En Santa María Aztahuacán, así como en las faldas del Cerro Techomulco, el Peñón del Marqués y San Sebastián Tecoloxtitlán, la chinampería alteró dramáticamente la geografía. Se excavó una intrincada red de canales (acalotes) que permitía la navegación continua y la irrigación perpetua de los cultivos. Paralelamente, los pobladores originarios adoptaron un estilo de arquitectura vernácula adaptada al medio: viviendas construidas con materiales ligeros y abundantes como la palma y el zacatón, erigidas sobre plataformas o islotes artificiales para protegerse de las inundaciones recurrentes.

glifo de xochimilco del en el codice mendoza

Glifo para Xochimilco en el Códice Mendocino. El jeroglífico de la izquierda son chinampas, una linea la asocia a la idea de un templo que cae en llamas. Su aparición en el códice representa la fecha de sometimiento de los  Xochimilcas.

La Geopolítica de la Cuenca: Culhuacán, Tepanecas y Acolhuas

El control político de este vergel flotante cambió de manos en múltiples ocasiones a medida que ascendían y caían las potencias regionales. Inicialmente, el predominio en el sur y oriente de la cuenca recayó en el señorío de Culhuacán (Colhuacan). Los colhuas, que se asumían como los herederos directos de la legitimidad tolteca, dominaron las rutas lacustres y jugaron un papel crucial en la historia temprana de la migración mexica. Tras su paso por la zona, los mexicas sirvieron como mercenarios para los señores de Culhuacán, como Achitometl, asimilando su alta cultura antes de ser violentamente expulsados hacia los islotes del poniente donde fundarían México-Tenochtitlán en 1325.

El poder de Culhuacán declinó posteriormente ante la implacable expansión militar de los tepanecas de Azcapotzalco, quienes lograron imponer un régimen tributario hegemónico en la cuenca que dispersó a los otomíes, a los colhuas y sometió a la naciente Tenochtitlán y a los señoríos del oriente.

No obstante, el equilibrio de poder se alteró definitivamente en 1428 con la conformación de la Triple Alianza (Tenochtitlán, Texcoco y Tlacopan). Bajo el nuevo orden imperial, Iztapalapa emergió como una ciudad clave. Geográficamente, ocupaba una península estratégica que fungía como dique natural y frontera administrativa entre las aguas salobres del Lago de Texcoco al norte y las aguas dulces de Chalco y Xochimilco al sur, unida a la capital mexica por una colosal calzada artificial de dos leguas y media de extensión.

En este reordenamiento geopolítico, la zona específica de Santa María Aztahuacán y el oriente de Iztapalapa quedaron fuertemente integrados en la esfera de influencia de los Acolhuas, gobernados desde la gran capital de Texcoco. Los anales históricos establecen que Aztahuacán, junto con Santiago Acahualtepec y otros tres pueblos de la región, son los descendientes directos de dicho Altépetl (ciudad-estado) texcocano. Para finales del siglo XV, respondían al mandato del señorío de Iztapalapa, destacando la figura de Don Alonso de Axayácatl, el último señor prehispánico de la entidad, cuyos restos descansan hoy en la Parroquia de San Lucas Evangelista.

Aztahuacán operaba entonces como un dinámico puerto agropecuario. Sus habitantes extraían la riqueza del humedal y navegaban en canoas y trajineras repletas de maíz, hortalizas, peces y aves acuáticas a través de los canales hacia los inmensos mercados de Tlatelolco y Tenochtitlán, alimentando los motores del imperio.

En la época de la Conquista, Iztapalapa era gobernada por Cuitláhuac, hermano de Moctezuma Xocoyotzin. Tras la muerte de este último, Cuitláhuac asumió el mando del imperio mexica, liderando la histórica victoria sobre las tropas españolas en la Noche Triste.

Sin embargo, el triunfo fue efímero. Tras el asedio final y la caída de Tenochtitlán en 1521, la antigua e imponente Iztapalapa fue destruida, marcando el violento fin de la era prehispánica y sentando las bases para el siguiente capítulo en la historia de la región.

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