Por: Gibran Rivas Categoría: Leyendas de Aztahuacán / Subcategoría: Relatos de Fe y Apariciones Fantásticas
Para entender la fuerza de un pueblo originario como el nuestro, no basta con mirar sus calles actuales; hay que asomarse a los milagros secretos que resguardan las familias en la intimidad de sus hogares. Hoy iniciamos una serie muy especial en santamariaaztahuacan.com dedicada a revivir la tradición oral de nuestra tierra.
Aclaración histórica fundamental: Presten mucha atención a esta leyenda, ya que la oradora menciona con total inocencia «la guerra en la que prohibían las misas». Se refiere, ni más ni menos, que a la Guerra Cristera (1926-1929). Una época oscura donde el presidente Plutarco Elías Calles —quien luego se convirtió en el «Jefe Máximo» que manejaba a los presidentes a su antojo— se sintió tan poderoso que se dispuso, según los dichos de la época, a «usar el manto de Juan Diego para lavar caballos». Calles terminó recibiendo una lección y humillación de proporciones bíblicas: la resistencia de los valientes mártires cristianos le puso un alto al grito de ¡Viva Cristo Rey!, demostrando que algunas de las batallas más grandes del alma mexicana se ganaron con algo tan sencillo y peligroso como preservar un crucifijo en la clandestinidad. Calles pasaría a la posteridad como uno de los mayores perdedores de la historia espiritual de México, mientras que la fe de la gente común prevaleció.
Dejando que sea la propia voz de la comunidad la que hable, los dejamos con el testimonio íntegro de la Sra. Juana de la Cruz Rosas sobre una de las reliquias más sagradas y asombrosas de Santa María Aztahuacán.
El Cristo Milagroso
Oradora: Sra. Juana de la Cruz Rosas (Juanita Rosas)
Yo me llamo Juana de la Cruz Rosas, me conocen como Juanita Rosas, nací en el pueblo de Santa María Aztahuacan, el 24 de junio de 1935, pues tengo 73 años. Así como mi mamá, mi abuelita, bisabuelita y toda mi familia, es del mismo pueblo, este santito que es Cristo crucificado y que lo tengo en mi recamara ha sido de mi familia desde hace más de 200 años, ya que quien lo compró fue mi bisabuelita de mi bisabuelita y ha pasado de generación en generación.
Cuando fue la guerra en la que prohibían las misas, mi abuelita lo traía jalando para todos lados en el estado de Puebla, ya se los iban a quitar, pero se les cayó y se rompió, así lo trajeron, duró muchos años así. Hace unos quince años el cuarto donde estaba colgado se le cayó el techo, ya que era de vigas y tierra encima, ya era muy viejo el cuarto, el Cristo quedo enterrado, cuando lo sacaron ya se había reparado su bracito, Sólo se reparó y hasta mi mamá se desmayó.
Hay gente que ha venido a pedirles favores, como una señora que ya casi no veía, le traía sus veladoras, se limpiaba sus ojitos y se las prendía, y si pudo ver, no mucho, pero por lo menos ya sabía dónde andaba, la señora se llamaba Dionisia, creo que Chavarría, la cual murió hace unos 20 años, así mucha gente ha venido a pedirles favores.
Como yo decía, a mí me lo dejó mi mamá, a mi mamá su mamá y se fue haciendo una cadena, yo se lo voy a dejar a mi hijo, él a sus hijos y ellos a sus hijos.
Conclusión: Las Cadenas de Nuestra Identidad
El relato de Doña Juanita nos demuestra que los milagros en Aztahuacán no solo ocurren en los templos grandes; se viven en los techos viejos de vigas y tierra que resguardan la fe familiar a través de los siglos, resistiendo incluso los embates de persecuciones presidenciales. Esta «cadena» de herencia de la que ella habla es la que mantiene vivo el espíritu de nuestro pueblo originario a pesar del paso del tiempo y la modernidad.
¿En tu casa guardan alguna historia o imagen antigua que haya sobrevivido a alguna época difícil de México? Nos encantaría leerte. Déjanos tu comentario aquí abajo y comparte este artículo con tus vecinos para que la voz de nuestras tradiciones siga volando alto. ¡No te pierdas nuestra próxima publicación de la serie!
Durante la cristiada, una carga de dinamita fue detonada frente a la Virgen de Guadalupe en la Basílica. El manto quedó intacto y un Cristo quedó doblado. Calles o sus esbirros fueron avergonzados y le regalaron a la Iglesia una nueva reliquia y fortalecimiento de la fe.
Sobre las Leyendas
Cada uno de estos relatos llega a ustedes gracias al invaluable trabajo de recopilación de la Licenciada Frida Alejandra Mejía Gómez en su obra «La voz de las garzas», una investigación que pudimos traer al blog gracias a su autorización y al puente de confianza vecinal construido por el colectivo Grupo Cultural Ollin. Si quieres conocer a fondo cómo se logró rescatar este archivo de las bibliotecas universitarias y quiénes son los jóvenes que defendieron esta memoria, te invitamos a leer nuestros posts de apertura:
