En el corazón geográfico y emocional de Santa María Aztahuacán se alza un testigo silencioso del paso de los años y de la transformación de nuestro entorno urbano: El Reloj. Ubicado justo al sur del Templo del pueblo, este monumento no solo destaca por su hermosa arquitectura, sino porque sus manecillas han marcado el compás de la vida diaria, el orden de las asambleas comunitarias y el inicio de incontables festividades a lo largo de las generaciones.

Este artículo es el cierre de nuestra trilogía dedicada al agua y la memoria de nuestra tierra. Si aún no los has leído, te invitamos a descubrir cómo era nuestro pueblo en los tiempos de La Laguna de Santa María Aztahuacán y el doloroso proceso de ingeniería que te contamos en ¿Cómo se secó la Laguna de Aztahuacán?.

El Origen Lacustre: Un Monumento Financiado con Patos Salvajes

Lo que hace verdaderamente extraordinario al Reloj de Aztahuacán es la historia de su origen, un relato que nos transporta a una época en la que el paisaje de Iztapalapa aún conservaba los últimos remanentes de sus zonas lacustres, canales y chinampas. A principios de la década de 1930, entre los años 1930 y 1933, nuestros ancestros decidieron que el pueblo necesitaba un reloj público que sirviera como punto de referencia civil para las asambleas ejidales y rivalizara con los grandes relojes republicanos del Valle de México.

Al no contar con presupuesto ni subsidios gubernamentales, la comunidad ideó una solución verdaderamente comunal (Como siguen haciendo hasta nuestros dias): aprovechar la riqueza natural que la agonizante laguna todavía les regalaba. Durante tres años, en las temporadas invernales, los pobladores se organizaron en jornadas colectivas para la caza regulada de aves silvestres y migratorias que arribaban al humedal, principalmente el pato golondrino y el pato cucharón.

El dinero recaudado por la venta de la carne de estas aves en los mercados de la región de Iztapalapa y en las plazas del centro de la Ciudad de México se ahorró peso por peso, administrado con total rigurosidad por los propios vecinos. Este reloj es, literalmente, un monumento a la cooperación, al ingenio y al indomable espíritu comunitario que caracteriza a nuestro pueblo originario.

Composicion de las torres en Santa María Aztahuacan

Sabías que… El Reloj de Santa María Aztahuacán es uno de los pocos monumentos cívicos en la Ciudad de México construidos en su totalidad gracias al comercio de recursos naturales de un ecosistema lacustre que hoy en día ya ha desaparecido.

El Corazón Mecánico del Guardián: Relojes Centenario

Gracias a esos tres años de disciplina y esfuerzo cazando patos, los vecinos lograron juntar los fondos necesarios para adquirir una verdadera obra de arte de la ingeniería mexicana. La maquinaria monumental fue comprada directamente a la prestigiada empresa Relojes Centenario, ubicada en Zacatlán, Puebla, un orgullo nacional por ser la primera fábrica de relojes monumentales en toda América Latina. Esta adquisición dotó a Aztahuacán de una pieza mecánica de altísima precisión y durabilidad que ha resistido el paso del tiempo.

Arquitectura en Diálogo con la Tradición

La torre del Reloj rompe con el perfil puramente religioso del centro del pueblo, creando un diálogo visual bellísimo con las torres coloniales del Templo de Santa María. Su estructura limpia de piedra resguarda el mecanismo clásico y recuerda la época de modernización de los pueblos del Valle de México. Ha resistido el paso del tiempo, el crecimiento urbano y los sismos de la cuenca, manteniéndose firme como el guardián de nuestra memoria colectiva. La próxima vez que te pares frente a él, recuerda que en la cantera de su torre y en el andar de sus manecillas vive congelada el alma de nuestra laguna perdida.

Composicion de las torres en Santa María Aztahuacan

El Eje del Carnaval de Aztahuacán

Como si la torre misma quisiera unirse al júbilo de nuestras tradiciones, El Reloj se convierte cada año en el epicentro y punto de referencia obligado para el Carnaval de Santa María Aztahuacán. Las comparsas y cuadrillas de danzantes —ataviados con sus imponentes trajes de charro, máscaras de cera caladas y los coloridos disfraces de ‘chichinas’— cortan las calles y pasan obligatoriamente bajo su sombra.

Es precisamente en la plazuela del reloj donde la fiesta alcanza su clímax, pues se ha convertido en el escenario tradicional para la coronación de las reinas del carnaval. El repique de sus campanas se mezcla con los metales de las orquestas y bandas de viento, fusionando el tiempo cívico con el tiempo sagrado de nuestra fiesta más grande, y amarrando para siempre nuestro pasado ambiental con la alegría viva del pueblo.

Preservar Nuestro Legado

Nos enorgullecemos profundamente de este patrimonio tangible. El Reloj nos recuerda que el desarrollo de Santa María Aztahuacán siempre ha dependido de la unión de sus habitantes. Cuidar su estructura, mantener limpio su entorno y difundir su maravillosa historia es una tarea que nos corresponde a todos.

Te invitamos a visitarlo en tu próximo paseo por la plaza central, a escuchar sus campanadas en tiempos de carnaval y a sumarte a la labor de mantener viva nuestra herencia. Porque en nuestro pueblo, cada segundo cuenta una historia.

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charro en reloj de santa maria aztahuacan