El Carnaval es, en su definición más breve, un periodo de transición festiva hacia la solemnidad de la cuaresma, pero el Carnaval de Santa María Aztahuacán es mucho más que eso: es el latido, la memoria y la resistencia de nuestro pueblo originario transmitidos de generación en generación. Con más de un siglo y medio de existencia, esta celebración en la Ciudad de México tiene una raíz de rebeldía que se remonta a los años del Segundo Imperio Mexicano, bajo el mandato de Maximiliano de Habsburgo.
Los orígenes y la sátira a la aristocracia
Durante el siglo XIX, las familias adineradas y los hacendados de la región organizaban bailes de etiqueta muy elegantes y exclusivos, con un marcado estilo europeo. Al verse excluidos, los campesinos y trabajadores de nuestros barrios decidieron tomar las calles para divertirse, pero a su manera: caricaturizando la pompa, los modales y las vestimentas de aquellos aristócratas. Así nació la parodia que hoy le da color a nuestra fiesta.
La famosa máscara de cera de nuestros charros, con sus ojos claros y barbas esculpidas, es una burla directa a la fisonomía del emperador Maximiliano, mientras que la coronación de la reina del carnaval evoca de forma satírica a la emperatriz Carlota. Lo que comenzó como un acto de burla al poder, terminó dando forma al icónico Carnaval de Santa María Aztahuacán (Mención 3) como nuestro mayor símbolo de soberanía cultural.
Tradición del Carnaval de Santa María Aztahuacán
Hoy, nuestras calles se llenan con el paso alegre de las cuadrillas de charros y las “chichinas”, acompañadas siempre por la música de las bandas de viento y las orquestas. El traje de charro que vestimos es una verdadera obra de arte hecha a mano por artesanos locales, bordado meticulosamente con hilos de oro, plata o canutillo. Portar este traje, cuyo valor oscila entre los 20 y los 50 mil pesos debido a su fina manufactura, representa un orgullo enorme para los comparsistas, quienes ahorran todo el año para lucirlo con dignidad en el Carnaval de Santa María Aztahuacán.
Alegría popular, convivencia y patrimonio vivo
A través del baile de casa en casa y la cooperación voluntaria para pagar la música, los vecinos de Aztahuacán refrendan un pacto de apoyo mutuo y generosidad. Nuestro carnaval no es un producto para el turismo; es la herencia viva de un pueblo que defiende su territorio, su historia y su derecho a la alegría colectiva.
Y bueno, dicho en palabras sencillas para invitar a los visitantes: en el Carnaval de Santa María Aztahuacán encontrarás mucho más de lo que esta rígida explicación sobre sus orígenes cuenta. Verás disfraces de todo tipo, desde Majin Buu hasta el Tío Sam, parodias de políticos, carros vendiendo cerveza de barril y micheladas, chicas vistiendo atuendos sensuales y otras con vestidos regionales de alta clase. Es un festival de colores, música y sabores. Te aseguro que el ambiente de mediodía es familiar y memorable.
El Carnaval de Santa María Aztahuacán es, por tanto, un patrimonio vivo que no se queda en el pasado, sino en un eterno presente.
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. ¿Carne para Baal? Fe, Historia y el Verdadero Corazón de Nuestro Carnaval
Cada año, el Carnaval de Santa María Aztahuacán se graba en la memoria colectiva como un evento que celebra nuestro patrimonio arqueológico, histórico e intangible. Este 2023, la tradición continúa con un nuevo capítulo lleno de alegría y comunidad, como se muestra en nuestro reciente video que captura la esencia vibrante del carnaval. Creditos al autor del video, visiten su canal: Mexico Lindo…
“Entre las celebraciones más importantes, se encuentra el Carnaval, que es un tiempo de festividad y desahogo previo a la sobriedad y recogimiento de Cuaresma y que básicamente consiste en cuadrillas de danzantes que van por las calles vestidos de charros con máscaras, de chinas poblanas o disfraces diversos llamados chichinas. Los acompaña la orquesta o banda de música y se detienen a bailar frente a las casas donde saben que les darán una cooperación para pagar la música. Se corona a las reinas que desfilan en carros alegóricos y se organizan grandes bailes, aunque hay algunas variedades que distinguen a cada pueblo.”