Por: Gibran Rivas Categoría: Leyendas de Aztahuacán / Subcategoría: Personajes e Historias de la Reconstrucción

Introducción: El Destino de los Héroes en Nuestra Tierra

Para quienes hemos adoptado a Santa María Aztahuacán como nuestro hogar, es fascinante ver cómo el pueblo ha caminado a través del tiempo. Nuestra historia se divide en grandes etapas que han transformado el paisaje por completo: primero, aquel indomable pueblo antiguo rodeado por el humedal de la Cieneguilla; después, el tiempo de las haciendas y el posterior reparto de los ejidos; y finalmente, la era de la industrialización, donde el asfalto trajo consigo las enormes bodegas, los talleres y el desfile constante de tráileres que hoy dividen opiniones entre los vecinos. A la par, vivimos un fenómeno moderno donde gente de fuera llega a sumarse a la comunidad, aprendiendo a amar y respetar las tradiciones locales.

Pero nada de lo que hoy pisamos —desde la amplitud de nuestras calles hasta las escuelas y mercados— ocurrió por accidente. Se necesitó de un líder hecho y derecho, un hombre que vio el futuro del pueblo décadas antes que los demás, pero que lamentablemente recibió el trágico final que México suele reservar a sus verdaderos héroes.

Hablamos de Eusebio Hernández Medina, inmortalizado por la memoria colectiva como «El Chicuarotas». Su espíritu de lucha e inteligencia natural vive hoy reflejado en varios de nuestros vecinos actuales, quienes heredaron esa misma terquedad admirable para encabezar causas comunitarias recientes, como la exitosa renovación de nuestro Parque de Circunvalación.

Gracias al puente histórico del Grupo Cultural Ollin y la investigación de la Lic. Frida Alejandra Mejía Gómez, rescatamos el testimonio limpio, honesto e intacto de su propio hijo, Don Manuel Hernández y Fragoso. Agárrense, porque esta es la crónica de un titán de Aztahuacán.

El Chicuarotas

Orador: Sr. Cuitláhuac Manuel Hernández Monroy (Manuel Hernández y Fragoso)

Mi nombre es Manuel Hernández y Fragoso, yo como hijo de Eusebio Hernández Medina, mejor conocido como el “El Chicuarotas”, les voy a platicar lo que, pues alcancé a ver, lo que alcancé a saber de mi padre y les voy a hablar como se habla de una persona y no de un familiar, por aquello de que cómo es posible que un hijo diga que este señor era esto o era l’otro. Este señor nació allá por los años 20´s y tenía un espíritu aventurero, dado que por eso se fue de aquí del pueblo a la aventura a la edad de 13 o 14 años y venía esporádicamente, se hizo chofer de oficio y muchos de aquí del pueblo se los llevó a esa aventura a aprender ese oficio, todavía quedan algunos; ese era por el lado de la aventura, por el lado de la irresponsabilidad; yo lo juzgo así, porque tuvo muchos hijos aquí, por allá y más allá y entonces todos cuentan y pues tantos hijos como dice el dicho “al que dos amos atiende, con alguno queda mal” entonces, con tantos hijos no le fue posible darles carrera a todos.

Pero tenía su lado amable, que era de corazón noble, se quitaba la camisa por no ver temblar al prójimo, en una ocasión en año nuevo, juntó a varios niños y les pidió que llevaran trastes de lámina, latas, matracas y todo para hacer ruido y corretear al año viejo, el año viejo era mi papá que se había disfrazado de viejito y todo el chamaquerio lo correteaba por el pueblo. Era un hombre muy inteligente a la altura de su capacidad intelectual, su grado académico; presentaba mucha inteligencia, ya que sin estudio él podía desbaratar o armar una máquina automotor y pudo andar en toda la República con esa poca capacidad, con ese poco intelecto, pero con su gran inteligencia.

Nos llevó en una ocasión a vivir a Salamanca, Guanajuato, y ahí se dio de alta en la policía secreta y apresó en dos ocasiones a un ladrón muy famoso que era el “capitán fantasma”, era más listo este señor porque de cualquier cárcel que lo metían se le escapaba n´tonces esa fue su aventura como policía, dejó el volante una temporada y fue policía. Anduvo manejando de frontera a frontera y de costa y como les digo, esporádicamente venía a Santa María y cada que venía a Santa María, animaba y sonsacaba un paisano, se lo llevaba a la aventura.

Después de mucho tiempo de estar vagando por la República, más o menos a los 40 años decidió dejar el volante, o sea la manejada, y venirse aquí a su pueblo, yo me acuerdo cuando llegamos aquí que le preguntó a un anciano, el señor castillo que más o menos era patriarca de aquí; había varias personas de los antiguos que se les tenía mucho respeto como si hubieran sido los antiguos que se les tenía mucho respeto como si hubieran sido los patriarcas del pueblo, lo que se hacía se tenía que consultar con esos ancianos y entonces mi papá, yo me acuerdo que le preguntó: “¿oye, pero que han hecho durante todos estos años?” “nada muchacho, no se ha podido hacer nada” “¡que barbaridad!” dice: “ Yo voy a reactivar el negocio aquí.” dijo mi padre

Yo me acuerdo que la colorada era la plaza principal en donde se realizaba el trueque; el trueque, algunos saben que era intercambiar mercancía por mercancía, ahí era el mercado de la región. Entonces mi papá, o sea el señor Eusebio, platicó con una señora de apellido Neri, la señora le tenía una gran estima –“¡si muchacho, si tú lo quieres para una plaza yo te cedo mi terreno y te lo doy regalado!”- ese terreno es lo que hoy es Santa Cecilia y se hizo la placita, mi papá reunió a todos los comerciantes que vendían en la puerta de su casa e hicieron una placita. De la penitenciaria les regalaron unas lozas grandes, más grandes que una mesa de las que se utilizan hoy en día para las fiestas, pero eran de concreto y ahí encaramadas en tabiques y piedra pusimos esas lozas, del departamento nos regalaron una nave y esa nave pos´ con láminas que también nos proporcionó la penitenciaria logramos hacer un tejado y eso fue el primer mercado, de ahí en adelante se dedicó a gestionar el mercado que actualmente se ocupa. Cuando la placita ésta estaba, se empezó a construir la calzada Ignacio Zaragoza a ocho carriles, y entonces el material lo sacaban de por acá de Santa Cruz para relleno de carretera, y pasaban por ahí, por la calle del mercado, haciendo mucho polvo y entonces mi papá con su gente, con la gente del mercado paró esos señores que pasaban por ahí y les dijo que si iban a seguir pasando tenían que pavimentar, si no ya no los dejaban pasar; como era mucha vuelta para ir a tirar el material, los señores del departamento accedieron y fue como fue posible la primer calle pavimentada desde lo que es hoy la vocacional 7 hasta los baños y esa fue, pues como quien dice, la primer obra aparte de la placita, el mercado.

Entonces vino otra necesidad, que pues estábamos muy pobres y se necesitaba ampliar la escuela Cuauhtémoc, entonces también se dio a la tarea de solicitar, de gestionar la reconstrucción de la escuela, y no fue una reconstrucción, fue ampliación de la escuela y se hizo la escuela al doble de lo que era la escuela y la escuelita vieja se reconstruyó y también estrenamos salones porque yo estaba en la escuela en esos tiempos, eso fue otra de sus obras, gestionadas desde luego. Luego empezó a trabajar como subdelegado, empleado del departamento del Distrito Federal y ahí pues no tenía que agarrar a los robaguajolotes, los rijosos y me acuerdo que en una ocasión se andaban peleando los de un barrio contra otro barrio, pero ahí enfrente de la delegación y la iglesia, entonces mi papá se echó una cobija encima y desconecta un micrófono de pies que estaba ahí y con el tubo ese que estaba ahí, sale y como si tuviera una arma larga les dice “¡hey!” hijos de tal por cual, cada quien pá sus casas ¡órale!” y aquellos con machetes los afilaban en el piso “¡te estoy hablando, tal por cual, órales pa´su casa!”y al ver brillar el tubo del micrófono se apantallaron, creían que era un arma larga como una escopeta.

La primera toma de agua que se hizo fue la del señor Antonio Medina, que tenía una tienda que se llamaba “Las tres palomas”. Esa fue la primer toma de agua domiciliaria gestionada por mi papá, y así empezó la red de agua potable durante muchos años ya que nada más en cada esquina había una pileta en donde teníamos que ir a agarrar el agua y de vez en cuando había problemas porque “ya llegue primero”, porque “me tiraste mi agua”, en fin mucho problema por la toma de agua aquella, a veces el ir a agarrar el agua ahí para las muchachas era un pretexto para ver al novio o la novia entonces cuando mi papá metió la red de agua se acabó esa tradición de noviar en las piletas de agua.

De muchos años lo que más costó trabajo fue el mercado y volvió a hacer otra vez la gestión de un politécnico, o sea para llevarlo calmado en el reloj le pusieron una escuela extra escolar para adultos, que consistía en un organismo que nos enseñaba carpintería, radio y televisión, costura, corte y confección, y algunas otras cosas como bailables y tenían una pequeña guardería las señoras que iban a estudiar, que era una camionetita en donde había una televisión, en sus años una televisión muy buena, muy grande para los niños que las señoras levaban y no les dieran lata en sus clases.

También le otorgaron el tecnológico disfrazado porque era la vocacional 7 y también le otorgaron la ampliación del panteón; la ampliación del panteón consistía desde lo que hoy es el panteón viejo hasta la orilla de la carretera Ermita- Iztapalapa y hasta la calle de la Comercial Mexicana, pero a la muerte de mi papá, primeramente agarraron una superficie para hacer el hospital que hoy está ahí y entonces dejaron reducido el panteón.

Había dueños para todo, porque también el ejido tenía tres dueños, pero en eso llegó mi papá y empezó a organizar y empezó a nombrar fulanos que se encargaran de averiguar y él mismo iba a averiguar a la reforma agraria y resulto que esos dueños no eran dueños del ejidos y es como se hizo posible la repartición de todo el Ejido de Santa María Aztahuacan y decía, cuando ya era un hecho que se iba a repartir el ejido que ¿para qué las calles tan anchotas? A lo que mi papá, como había sido chofer contesto: “para un futuro en donde esto se llene de camiones y podamos dar vuelta con nuestras carcachas”

Andar a golpes siempre salía airoso. En dos ocasiones vi cómo desarmó a dos personas que independientemente lo atacaron con arma blanca y gracias a su corpulencia pudo desarmarlos y uno de ellos fue a llorar con uno de los patriarcas de los que les hablo.

Un día un señor que se llamaba Dionisio fue a traerlo al juzgado con el pretexto de que él llevara una orden de lanzamiento a una señora que según no quería pagar la renta, que ocupaba para una tienda, al entrar encuentran a un pariente lejano suyo quien le invita un refresco, cosa que mi papá acepta, tomadose un orange crush y dejando la mitad de refresco sale a la calle y según las declaraciones de varios testigos, salen varios disparos de la tienda y de un lado y de otro de la puerta de la tienda había tiradores prevenidos a tirar también. Al cadáver de mi padre se le encontraron disparos de tres calibres.

No tuvo motivos personales la muerte de mi padre, sino tuvo motivos más bien políticos y de venganza. Después de haber expropiado tantos terrenos de personas que no tenían títulos de propiedad no escrituras, por ejemplo, donde hoy está el tratamiento de agua entre la plaza Santa Cecilia y el mercado, ahí era toreo y vendían pulque a escondidas y también salieron afectados porque ahí hicieron un parque, un jardín no había tal tratamiento de agua, para darle adorno a la explanada del mercado, que actualmente existe.

Pues que puedo decir más del señor Eusebio, yo creo que pues con lo que he estado diciendo ya es suficiente, su obra pues; su obra la verdad todos lo que existimos en la actualidad somos semillones, somo cobardes.

El Proceso de «Leyendización»: ¿Por qué el Chicuarotas es una Leyenda Local?

Es muy probable que al leer esta crónica te preguntes: ¿Por qué estamos tratando la historia de Eusebio Hernández Medina bajo el paraguas de las leyendas si fue un hombre real y contemporáneo? La respuesta nos la da la propia teoría de la literatura y la tradición oral que sustenta la investigación de «La voz de las garzas».

En las comunidades con profundas raíces históricas y ejidales, la memoria colectiva activa un fenómeno conocido como el proceso de «leyendización» o la creación del mito local. En los estudios sobre literatura oral se explica que cuando un personaje real realiza hazañas comunitarias descomunales, rompe las leyes establecidas o sufre una muerte trágica y violenta —las tres condiciones exactas que marcaron la vida del Chicuarotas—, el pueblo de forma natural activa un proceso de mitificación.

Es por eso que los hechos reales se van cargando de tintes épicos, como su asombrosa corpulencia física para desarmar a dos atacantes a puño limpio o el detalle trágico y casi cinematográfico de los impactos de tres calibres diferentes en su cuerpo. Al carecer las escuelas oficiales de un registro escrito sobre estos líderes locales, el personaje pasa a formar parte del «archivo de historias vivas» de la comunidad. De esta manera, el líder agrario se vuelve tan legendario y sumamente necesario para explicar el trazo actual de nuestras calles anchas, como lo son los nahuales para explicar los misterios de la noche profunda. El Chicuarotas es, en toda la extensión de la palabra, una leyenda viva de nuestra identidad.

Conclusión: El Legado de las «Callesotas» Anchas

La respuesta del Chicuarotas cuando cuestionaban el ancho de las calles ejidales es profética: “para un futuro en donde esto se llene de camiones”. Esa visión de chofer viejo es la que hoy permite que las pesadas unidades industriales se muevan por la zona, pero, de forma más bella, es también la que permite que las monumentales cuadrillas de nuestro Carnaval desfilen año con año con total comodidad y esplendor, llenando el pueblo de música, color y orgullo.

Su trágica muerte, emboscado por tiradores con armas de tres calibres diferentes debido a las venganzas políticas por regularizar la tierra, nos recuerda el alto costo de cambiar el destino de una comunidad. Al final, los falsos terratenientes se fueron, pero el Mercado, la Vocacional 7, la Escuela Cuauhtémoc y la red de agua potable se quedaron para siempre. Como bien dice Don Manuel, a veces las generaciones actuales parecemos pequeñas ante gigantes de ese tamaño; pero el espíritu del Chicuarotas no ha muerto, reaparece cada vez que un grupo de vecinos se organiza con valentía para defender y embellecer nuestro entorno.

¿Conocías el origen de las calles anchas de nuestro pueblo o la historia de la plaza Santa Cecilia? Te leemos con mucho respeto en los comentarios. ¡Ayúdanos a compartir esta historia para mantener viva la memoria de quienes construyeron nuestro presente!

Sobre la Fuente y el Rescate Cultural

Este testimonio forma parte del corpus de historia oral recuperado en Santa María Aztahuacán. Su preservación en este espacio digital es posible gracias a la generosidad de la Lic. Frida Alejandra Mejía Gómez, quien nos permitió utilizar como base su destacada obra académica «La voz de las garzas». Asimismo, extendemos nuestro profundo reconocimiento al Grupo Cultural Ollin, colectivo comunitario clave que trabajó hombro con hombro con los habitantes para levantar este archivo invaluable. Si quieres conocer más sobre las raíces de este proyecto, te invitamos a leer nuestra Semblanza de la Investigación y la Historia del Grupo Cultural Ollin.