Por: Gibran Rivas Categoría: Leyendas de Aztahuacán / Subcategoría: Crónicas de la Tierra y el Agua
Introducción: Cuando el Pasado Florece entre el Asfalto
Muchos de los que caminamos hoy por el Eje 5 y Ermita, o los que van a hacer sus compras a los grandes comercios de la zona, ignoramos que bajo nuestros pies descansa una memoria de lucha, agua y sangre. La historia oficial suele contarnos la Revolución Mexicana desde los grandes palacios, pero la verdadera Revolución la vivieron nuestros pueblos originarios defendiendo su tierra y su fe.
El relato que están por leer es un testimonio bellísimo y estremecedor. Quien nos lo hereda, Don Isidoro Flores, nació en 1929; un año clave para los católicos, pues fue el apogeo de la Guerra Cristera, aquel doloroso conflicto donde el pueblo humilde tuvo que levantarse para defender el derecho a profesar su fe y celebrar la Santa Misa frente a las persecuciones del gobierno, inclusive ocultar crucifijos por que el gobierno de Calles levantó todas las trampas marca Acme que pudo como el Coyote y fracaso… como el Coyote. Aunque a Don Isidoro no le tocó pelear en 1910, su familia se encargó de transmitirle la verdad de lo que ocurrió en Santa María: desde los trágicos colgados en los pirules del pueblo, pasando por la arriería y el tequezquite, hasta llegar a los límites antiguos de nuestra gran laguna olvidada.
Los dejamos con su voz intacta, un puente directo a la memoria de nuestros abuelos.
Lo que me contaron de la Revolución
Orador: Sr. Isidoro Flores
Mi nombre es Isidoro Flores, soy originario del pueblo de Santa María Aztahuacan, tengo 79 años. A mí no me tocó andar en la Revolución, ya que nació en 1929, cuando estaba en su apogeo la guerra cristera, pero en esta ocasión me gustaría comentarles algunos hechos de la Revolución de 1910 que pasaron en Santa María, los cuales me contó mi tío Pedro Flores.
Primero empezaré por los colgados, ya que en esa época cuando llegaban los soldados del Gobierno y encontraban gente que simpatizaba con los zapatistas los ahorcaban sin importar si eran jóvenes; a las mujeres las violaba. Como les decía aquí hubo un caso muy sonado y eran los colgados del camino viejo de Santa María, allá donde ahora está la Comercial Mexicana, la del eje y Ermita, esa grandota que está ahí, había árboles grandotes, eran pirules, aquí abundaban los pirules. Fueron tres vecinos del pueblo a los que ahorcaron, uno era Martín Castillo, el papá de Don Merced Castillo; otro fue Manuel Barrera; el otro no recuerdo bien su nombre, lo que recuerdo es que se apellidaba Fuentes, eso fue en el 14, porque la Revolución empezó en 1910.
Lo segundo que voy a comentar es sobre el General Herminio Chavarría, cuando él se levantó en armas los primeros en seguirlo fueron su hermano Juan Chavarría el cual fue capitán de los zapatistas, Don Pedro Cedillo que fue coronel; yo a él lo conocí, vestía con uniforme de coronel, él fue subdelegado de Iztapalapa aquí en el pueblo, el mandó hacer los lavaderos de San Pedro. Otro que lo siguió fue Juan Chirino, el papá de la Señora Guillermina, creo que él fue primero capitán y luego coronel.
Cuando al General Herminio lo mataron, le dieron un balazo y lo trajeron al hospital, pero ahí lo sacaron ya muerto. No recuerdo si fue el 13 o el 14, pero fue casi empezando la Revolución, cuentan que a él lo enterraron cerca de la puerta de la iglesia, ya que ahí todavía enterraban gente en esos años, yo todavía conocí muchos panteones, eran muy grandes y de piedra fue cuando tenía 9 años en 1938, pero llegaron carrancistas y lo desenterraron para quemarlo.
Don Herminio era muy conocido ya que él era arriero, aquí abundaban los arrieros. Ellos era lo que llevaron a vender el tequezquite y muchas otras cosas que se producían en Aztahuacan. Se iban por mucho tiempo, a veces por 2 meses, iban al Estado de Morelos, Guerrero y Puebla.
En Santa María tenía la Cieneguilla, “La Cienega” en la cual había mucha agua, ahí se perdía mucho ganado, mi tío lo iba a buscar porque se atascaban en el acalote; en el potrero de la Cieneguilla había mucho terreno, llegaba hasta donde está la 44 (agencia del ministerio público), era una laguna muy grande, ahí tiraban al pato, o sea se hacían las armadas. Ya después de la Revolución fue repartido y se convirtió en el Ejido de Aztahuacan.
Conclusión: Las Huellas Invisibles de Aztahuacán
Este relato es oro puro para nuestro mapa local. Don Isidoro nos acaba de revelar que la antigua laguna, conocida por los abuelos como «La Cieneguilla», era tan inmensa que sus aguas bajas y acalotes se extendían formalmente hasta lo que hoy conocemos como la Coordinación Territorial o agencia del Ministerio Público de la 44. ¡Con razón las inundaciones actuales siguen cobrando factura en esas mismas zonas! Nuestra tierra tiene memoria y reclama sus antiguos terrenos.
Si te apasiona descubrir cómo este gran humedal definió la historia del pueblo y cómo la caza de patos financió monumentos locales, te invitamos a leer nuestra investigación especial sobre los secretos de la Laguna de Aztahuacán y el Reloj Centenario, donde exploramos a fondo esta geografía perdida.
¿Conocías el trágico destino que los carrancistas le dieron a los restos de nuestro General Herminio Chavarría, o sabías que tus compras en Ermita las haces donde alguna vez hubo pirules revolucionarios? Platícanos en los comentarios qué te transmitieron tus abuelos. ¡Hagamos comunidad!
Sobre la Fuente y el Rescate Cultural
Este testimonio forma parte del corpus de historia oral recuperado en Santa María Aztahuacán. Su preservación en este espacio digital es posible gracias a la generosidad de la Lic. Frida Alejandra Mejía Gómez, quien nos permitió utilizar como base su destacada obra académica «La voz de las garzas». Asimismo, extendemos nuestro reconocimiento al Grupo Cultural Ollin, colectivo comunitario que durante años trabajó hombro a hombro con los vecinos para levantar este archivo invaluable. Si quieres conocer más sobre este esfuerzo de rescate, puedes leer nuestra Semblanza de la Investigación y la Historia del Grupo Cultural Ollin.