Cada temporada de lluvias, Santa María Aztahuacán se convierte en el foco de atención de los medios debido a las severas inundaciones. Quienes vivimos aquí sabemos que no solo se paralizan avenidas grandes como la Calzada Ignacio Zaragoza o la Calzada Ermita Iztapalapa; el agua golpea con fuerza el corazón de nuestro pueblo, inundando de forma crítica calles como Felipe Ángeles, 20 de Noviembre e Ignacio Allende. En estas zonas, el agua pluvial se mezcla con el drenaje rebasado y llega a superar el metro y medio de altura, provocando graves pérdidas en las casas y los talleres de las familias de la comunidad. Además, tras estas tormentas, es muy común ver salir a la superficie serpientes de tamaños y colores impresionantes.
Esta situación no es simple mala suerte con el clima. Es la consecuencia directa de haber pavimentado sin orden un suelo que tiene una profunda memoria. Nuestro territorio se encuentra justo en la bajada de las aguas que corren desde la Sierra de Santa Catarina. Al estar el suelo completamente cubierto de asfalto y concreto —y sumando problemas como las grietas, los socavones y los tubos rotos por los hundimientos—, el agua simplemente busca sus antiguos cauces naturales. Lo que hoy se inunda son, en realidad, los terrenos que antes funcionaban como los vasos reguladores de la región.
Les comparto este informe de la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial del DF que en tiempos de la celebración del bicentenario de la nación, hace un estudio minusioso considerando todavía las Lagunas de la zona: https://paot.org.mx/sasd02/ficheros/acuerdos/ac_pub/2623_RESOL_4472___________.pdf
La Sierra de Santa Catarina, fuente de aguas para las sociedades agrícolas. Hoy nos limitamos a buscar por donde deshacernos de esas aguas que bajan.
El mapa de nuestra antigua laguna
La historia nos cuenta que Santa María Aztahuacán tenía un hermoso ecosistema de agua dulce que estaba conectado con la vecina Laguna de Santa Marta. Esta laguna tenía una profundidad promedio de 2.5 metros en sus zonas más hondas y funcionaba como un enorme escudo o amortiguador natural: toda el agua que bajaba con fuerza de la sierra se quedaba ahí, evitando que se inundaran las zonas habitadas.
Nuestra laguna estaba en lo que hoy es el centro del pueblo y se extendía hacia los terrenos ejidales. El mero corazón y muelle de este cuerpo de agua era el Ojo de Agua de San Pedro, el paraje donde tiempo después se construyeron los históricos Lavaderos de San Pedro (en la esquina de Avenida México y la calle San Pedro, a unos pasos de la iglesia). Ese lugar era nuestro puerto: de ahí salían chalupas y canoas por canales anchos y grandes —que la gente llamaba acalotes o zanjas— cargadas de maíz y verduras. Los vecinos navegaban todo el Canal de La Viga para llevar la producción de Aztahuacán directo hasta Santa Anita y los mercados del centro de la Ciudad de México.
En el museo del Fuego Nuevo podrás encontrar mapas interactivos para visualizar mejor los tiempos en que pasease en la ciudad implicaba navegar.
Un ecosistema vivo que financió nuestra historia
Gracias a que la alimentaban manantiales limpios, la laguna estaba llena de vida: carpas, ajolotes, ranas y una enorme variedad de patos salvajes. Durante generaciones, las familias del pueblo vivieron de la pesca y la caza estacional. No nos olvidamos claro, de las emblemáticas Garzas. De las cuales conservamos el nombre como un homenaje a lo que fué amado por el pueblo. Por que claro, los pobladores no decidieron la desecación, sino los pelones de Porfirio Diaz y sus herederos espirituales que prefieren el asfalo antes que la vida. (Un saludo cariñoso a sus mamás).
Un dato asombroso que une nuestro pasado con el presente es el origen de uno de nuestros mayores monumentos. ¿Sabías que el Reloj Centenario de nuestra plaza se construyó gracias a la laguna? Aunque el cuerpo de agua ya estaba agonizando a principios del siglo XX, los pobladores organizaron grandes jornadas de caza de patos salvajes para venderlos y, con ese dinero, financiar la construcción del reloj. (Si quieres conocer los detalles de esta increíble hazaña vecinal, no te pierdas nuestro artículo dedicado al Reloj Centenario).
Hoy el paisaje es muy diferente. Si te preguntas cómo fue que pasamos de tener un paraíso de agua a las calles pavimentadas de hoy, te invitamos a leer nuestro post acerca de cómo se secó la laguna de Aztahuacán, donde te contamos los detalles de este gran cambio.
Para entender mejor cómo ha cambiado nuestra comunidad, te compartimos esta tabla que compara el ayer y el hoy de nuestro entorno:
Comparativa: El antes y después de nuestro ecosistema
| Parámetro Ecológico e Hidrológico | Estado Histórico (Hasta principios del siglo XX) | Estado Contemporáneo (Siglo XXI) |
|---|---|---|
| Cuerpos de Agua Activos | Laguna de Aztahuacán, Laguna de Santiago, Ojo de Agua de San Pedro y acalotes navegables. | Desecados en su totalidad; presencia de inundaciones estacionales en calles e infraestructura vial. Socavones. Algunos vecinos cuentan tener o haber tenido pozos dentro de sus propiedades. |
| Profundidad del Sistema | Profundidad variable, alcanzando un promedio de 2.5 metros en el vaso regulador principal. | Charcos e inundaciones pluviales que oscilan entre 0.5 y más de 1.5 metros en las zonas bajas y viviendas. |
| Fauna Endémica y de Arribo | Carpas, garzas, ranas, ajolotes, atepocates, gallaretas, pato de collar, pato cucharón norteño y pato golondrino. | Extinción local de especies acuáticas; reportes aislados de fauna silvestre adaptada Como las serpientes tras las lluvias y avistamientos de grupos de patos o garzas volando de paso. |
| Vegetación Predominante | Extensos tulares, lirios acuáticos, chichicaztle, flores de agua y densas hileras de árboles de alcanfor. | Especies vegetales urbanas introducidas; vegetación escasa y fragmentada en camellones y parques. |
| Dinámica de Transporte | Navegación comercial y de pasajeros mediante canoas, chalupas y trajineras de carga hacia la capital. | Tránsito vehicular motorizado propenso a colapsar por inundaciones y formación de socavones. |